viernes, 31 de diciembre de 2010

(...) Al pisar la vereda del colegio, todo cambiaba. El cielo cambiaba de color y se convertía en verde y los árboles ahora eran pequeños y de colores, muchos colores. Las personas, eran lindas por fuera y muchas feas por dentro, todas podridas.

Tiempo de clase, pero estas clases eran mejores que las nuestras. No eran clases convencionales. Los chicos entraban por la derecha y las chicas por la izquierda. ¿A un aula entraban? Yo no usaría la palabra "aula" para describirla. Era más un galpón en donde entraban miles de alumnos. Para todas las materias el mismo profesor: Maximilano, era terrible en algunas y amoroso en otras, trabajador y muy compañero con todos. ¿Sus materias? ¡Ojalá las tuvieramos nosotros! (...)