Julieta es flor y adjetivo.
Es arte y principio. Es medio y es fin.
Es verbo y poesía.
Es mariposa, luna y estrellas.
"¿Quién ha de conquistar una Julieta?" preguntó una vez un alumno. "¿Quién ha de ser digno?"
Todavía se desconoce la respuesta. Y tampoco se sabe si ha de existir. Pero si hubiera tal quién, se sabe que haría de su vida un lecho de julietas. Y habría de tener julietas en la panza por el resto de sus días.
"¿Música también es?" recuerdo que una vez me preguntaron. Y lo es. ¡Oh, cómo lo es!
Es allegro y moderatto, es piano y mezzo-forte, es maravilloso contrapunto y melodía minimalista... es toda música que lleve impregnado un corazón humano, perfectamente imperfecto.
"Pero entonces, ¿es humana Julieta?"
Por supuesto que lo es, aunque más de una vez me lo habré preguntado yo mismo. En altas horas de la noche, en desvelada idolatría. Julieta es humana.
Los humanos podemos aspirar a lo sagrado y eterno bajo el influjo del amor. Y Julieta está enamorada del mundo y de la vida. Aunque a veces lo odie con razón.
Ella logra lo sagrado y lo eterno.
Ella quiere ser artista, y es artista y arte.
Y yo me enamoro de ella.